No hay conos
Casi al final de sus notas, los autores avisan: no hay conos (el famoso cono de futuros). «Puede decepcionar a algunos, pero seguro lo superarán». En los agradecimientos insisten: ya lo dijimos, ¿no?
p. 23, 230Design Futures es usar el diseño para imaginar varios futuros posibles, hacerlos tangibles con historias y objetos, y usarlos para decidir mejor hoy.
Resumen de la definición de los autores, p. 31. Lo que sigue es una selección de esta guía para orientarte; cada punto lleva su página.
Design Futures nace del cruce de dos tradiciones que durante años trabajaron por separado. Los autores cuentan más de quince años en los que se fueron «chocando y mezclando» (p. 25). Entender qué aporta cada una ayuda a leer el resto del libro.
Parte de una idea central: no hay un único futuro «allá afuera» que se pueda predecir, sino muchos futuros alternativos que se pueden anticipar y, en parte, vivir por adelantado (Dator, citado en p. 123). Como el futuro no existe, no se puede estudiar como un objeto; su fuerza está en explorar, crear versiones alternativas y sembrar dudas razonables (p. 167).
Sus herramientas son el escaneo del entorno y del horizonte, las señales, los drivers de cambio y los escenarios (pp. 57, 70–71, 121). Muchas vienen de las ciencias sociales y políticas, y también del ámbito militar (p. 81).
El diseño hace cosas en el mundo, pero también ayuda a darle sentido (Lindley, p. 12). Cada acto de diseño ya crea un futuro, aquel en el que existe ese producto o servicio (p. 35). Lo que mejor sabe hacer es imaginar visiones preferibles y mostrar cómo llegar a ellas con prototipos, pilotos y visualizaciones (p. 38).
Aporta además su manera de trabajar: investigación de campo, prototipado y participación de comunidades, que vuelven concretas las ideas abstractas y permiten probarlas con personas reales (p. 43).
Los autores insisten en que Design Futures no es poner en fila los métodos de un campo y del otro, sino fundirlos en algo nuevo: «una receta nueva» (p. 32), una mezcla en la que lo creativo y lo crítico se alimentan (p. 34). Los futuros experienciales, nacidos entre futuristas, y la ficción de diseño, nacida entre diseñadores, surgieron por separado, pero se parecen más de lo que se diferencian (Candy y Dunagan, citado en p. 100). El diseño aporta lo que a los futuros les faltaba: hacerlos tangibles, discutibles y abiertos a todos (p. 43).
No como herramientas puestas en fila, sino fundidas en «una receta nueva» (p. 32).
Narrativas, prototipos y artefactos del futuro que se pueden ver, tocar y discutir.
Cuestionar supuestos, desafiar normas y apoyar decisiones estratégicas o éticas.
No hay un solo futuro por adivinar sino muchos posibles. Por eso el libro dice «futures», en plural.
Una señal es un indicio pequeño de cambio; un driver es la fuerza grande que las agrupa. Los drivers son a las señales lo que las nubes a las gotas.
Historias basadas en evidencia sobre futuros alternativos. Se hacen en conjuntos y mejor si cuentan la vida cotidiana.
Un objeto cotidiano ficticio pero plausible, puesto hoy en el mundo, para que la gente converse sobre ese futuro.
No se mide si el artefacto es usable: se busca provocar debate, dudas y decisiones distintas en el presente.
Establecer contexto, propósito y foco aclarando el alcance de la exploración.
Investigar para sacar a la luz pistas y cambios; sintetizar patrones, tensiones y perspectivas.
Co-crear narrativas y escenarios de futuro que den vida a las posibilidades.
Usar relatos y artefactos para involucrar audiencias; evaluar, ajustar o descartar visiones.
Iniciar esfuerzos estratégicos hoy para incrustar visiones de largo plazo en sistemas reales.
Es un libro serio que no se toma demasiado en serio. Algunas de sus comparaciones y bromas, contadas brevemente.
Casi al final de sus notas, los autores avisan: no hay conos (el famoso cono de futuros). «Puede decepcionar a algunos, pero seguro lo superarán». En los agradecimientos insisten: ya lo dijimos, ¿no?
p. 23, 230Jorge Camacho escribe el prólogo de una 5.ª edición que todavía no existe, firmado en «Ciudad de México, aún-no 2050». El prólogo mismo es un artefacto del futuro.
p. 17–20Joseph Lindley recuerda que Rachel Cooper comparaba a los investigadores en diseño con urracas, aves que coleccionan cosas brillantes: si una idea inspira, úsala.
p. 15El ejercicio de desfamiliarización: describir un objeto cotidiano como si fuera para un marciano, para volver extraño lo familiar.
p. 63El diseño que sigue la rutina como una vaca lechera, siempre por el mismo camino gastado. Evitarlo es el primer paso.
p. 120Søren Rosenbak invita a revolver el montón de futuros pasados como un mapache curioso buscando un bocadillo, pero sin usarlos para darse la razón.
p. 104Si especulas sobre muchos presentes a la vez, aparecen muchos conos y el cono termina siendo un burrito de bordes difusos.
p. 202Tobias Revell cita a Virilio: al inventar el barco se inventa el naufragio. Cada comodidad nueva trae incomodidades nuevas.
p. 88Erica Moreti compara los estudios de futuros con una banda de jazz: hay que meter algo «equivocado» y hacerlo sonar bien.
p. 167En el epílogo, Julian Bleecker usa la película They Live: una pelea de más de seis minutos porque un personaje se niega a ponerse unas gafas y ver el mundo de otra forma.
p. 211–212En los agradecimientos, los autores se describen como «dos almas bastante cáusticas» y agradecen a quien trabajó con ellos a pesar de eso. En la introducción confiesan que les gusta la crítica.
p. 26, 229En la dedicatoria, Giovanni se declara decidido a ganar todas las partidas de Uno que le quedan por jugar con Alice y Leone… aunque está listo para dejar ir algunas.
p. dedicatoriaSelección de esta guía, no del libro. Tócalas para leer su ficha. El libro se puede leer en cualquier orden (p. 21).
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